Autora: Dra. Beatriz Martínez

Espasa (2026)

Género y temática: ensayo divulgativo. Educación, salud y pantallas.

Padres

¿Cómo acompañar a tus hijos sin caer en el alarmismo ni en ‘todo vale’? Esta es la pregunta que aborda la doctora Beatriz Martínez en este libro, desde su experiencia clínica y como madre. El objetivo no es asustar, sino ayudarte a comprender mejor el entorno en el que se mueven tus hijos.

Con estilo ágil y con evidencia científica actualizada, da pautas para criar con calma en un mundo acelerado y digitalizado. Te ayudará sin importar la edad que tengan tus hijos. Y es altamente recomendable para padres de Infantil.

Consciente de que los padres y madres muchas veces viven entre malabarismos, el objetivo del libro no es llenar a los progenitores de culpa por todo lo que podrían mejorar. Sino ayudarles a ser más conscientes y a disponer de más herramientas para poder actuar de otra manera.s a ir contracorriente y romper la tendencia de hacer un uso abusivo de las pantallas.

El cerebro de los más pequeños

La exposición excesiva a pantallas durante los primeros años puede interferir en el desarrollo cognitivo, la motricidad fina, el lenguaje y la imaginación. ¿El motivo? No está tanto en las pantallas en sí, sino en lo que desplazan: ya que disminuye el juego libre, la manipulación de objetos reales, la interacción humana.

La autora subraya que una de las primeras confusiones al hablar de pantallas es que solemos pensar únicamente en el momento en que el niño tiene su primer dispositivo propio. Pero en realidad el uso empieza mucho antes.

Algunas señales de alerta: tu hijo de 3 años prefiere estar con la tablet antes que jugar contigo o sus amigos; si muestra menor respuesta a su nombre; si tiene menos palabras de las esperadas para su edad o solo repite frases que ve en los dibujos animados; si se frustra de manera extrema cuando se le quita la Tablet.

El título ofrece alternativas reales para familias reales (ejemplos de juegos con objetos cotidianos, rutinas predecibles o la naturaleza como aliada).

 

 

 

El primer móvil es una decisión familiar: ¿estamos listos? 

Consciente de que la pregunta más frecuente es la edad del primer móvil, intenta durante todo el libro dar contexto para evitar caer en simplificaciones. Cuando llega a ella, la acompaña de una checklist de preguntas que te ayudarán a reflexionar:

  • ¿Para qué lo quiere (o lo necesita)?
  • ¿Tiene madurez suficiente?
  • ¿Estamos disponibles para acompañarle?
  • ¿Tenemos un plan?
  • ¿Estamos dispuestos a dar ejemplo?

Al mismo tiempo anima a hacer acopio de algunas frases útiles para las conversaciones más difíciles, para que elijas las que más resuenen con tu estilo. “No te lo doy porque me lo pidas, sino cuando estés preparado para usarlo bien”, o “Entiendo que te de rabia. A mí también me costaría, pero mi trabajo es ayudarte a aprender a cuidarte”.

La adolescencia en la era de la inmediatez

Cuando un adolescente interactúa con contenido relacionado con estados emocionales negativos (tristeza, autolesión, pensamientos depresivos o baja autoestima), el algoritmo lo interpreta como señal de preferencia. Y responde dándole más de lo mismo. Lo que comienza con un clic aislado puede convertirse en una espiral.  Esta es una de las causas de los problemas de salud mental generados por las redes sociales.

Uno de los aspectos más interesantes del libro es cómo afronta los nuevos retos educativos que han surgido como avalancha, especialmente en los últimos tres años:

  • Conversaciones con la IA, cuando el algoritmo responde en lugar del adulto. Adolescentes que preguntan a ChatGPT: “Me siento mal, ¿qué hago?, ¿cómo dejo de sentirme así?”
  • Los retos con glitter y la perfección estética. El algoritmo es una lupa distorsionada. Un mayor uso de redes sociales se asocia con mayor insatisfacción corporal en chicas adolescentes. Muchas se reflejan en: “cuando me miro sin filtro, me veo monstruosa. Como si no fuera yo”.
  • Diagnósticos de salud en Tik Tok: se pone el foco en el riesgo de vivir desde una etiqueta, con ejemplos reales de autodiagnósticos precipitados.
  • Los videojuegos móviles (a diferencia de los videojuegos del pasado) tienen partidas cortas, explosivas y siempre dejan la sensación de que queda una más y ya está. Además, son espacios de socialización lo que hace más compleja su gestión. A veces son una puerta de acceso a apuestas y otros peligros online.
  • Onlyfans: si exigimos un DNI para entrar en un casino físico, ¿por qué no lo hacemos en una red social que permite la venta de contenido sexual?

Por último, la autora defiende que necesitamos recuperar la pedagogía de la espera. Enseñar a niños y adolescentes que esperar no es hacerles la vida más difícil, es darles un recurso esencial para la vida adulta. Lo que vale la pena, lo que deja huella, rara vez es instantáneo.

¿Por dónde empezar? 

Dos modos concretos, para empezar a cambiar (por conocidos, no menos relevantes):

  • Evitar las interferencias cotidianas de la tecnología. El fenómeno es llamado ‘tecnoferencias’: no hablamos solo de estar mucho rato con el móvil, sino de esas pequeñas interferencias que parecen insignificantes pero que, acumuladas, erosionan la calidad del tiempo compartido. Mirar una notificación en mitad de un cuento, responder a un wasap o revisar el correo mientras juegas o hablas con tu hijo/a.
  • Establecer comidas sin pantallas. La exposición a pantallas a la hora de comer fractura el vínculo cuidador-niño, reduce la capacidad de regulación emocional y genera patrones de alimentación poco saludables. Las comidas son espacios de aprendizaje emocional y social: favorecen el lenguaje (comentarios sobre el día, anécdotas), la espera, las normas de etiqueta (no hablar con la boca llena) y la conexión intergeneracional.

El libro “Manual de supervivencia para padres en la era digital” es un ejemplo de cómo construir puentes entre ciencia, experiencia clínica y… ¡vida real! De fondo, la autora defiende que educar no es aplicar la teoría perfecta, sino caminar entre decisiones, dudas y ajustes.

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