La inteligencia artificial (IA) ha llegado para quedarse, transformando no solo la manera en que trabajamos o nos comunicamos, sino también cómo aprendemos y enseñamos. Ante este cambio de paradigma, María Comín, Directora de Educación Preuniversitaria en Microsoft, ganadora del premio Globant 2024 «Women that build awards», EMEA Tech Executive y madre de dos, nos comparte ideas esenciales para afrontar este reto desde la educación y en familia.
- Formación en Inteligencia Artificial: una responsabilidad compartida
María insiste en que el primer paso es formarse. No se trata solo de aprender a usar herramientas, sino de entender cómo funcionan y cuáles son sus implicaciones. La formación debe venir desde distintos ámbitos: centros educativos, instituciones públicas, empresas tecnológicas y, por supuesto, las familias.
Además, propone que cada colegio adopte un proyecto de centro en torno al uso de la IA, con liderazgo claro y objetivos alineados con su identidad educativa.
- Aprender a hacer preguntas: la base del pensamiento crítico
Uno de los aprendizajes más valiosos que podemos fomentar hoy es saber hacer buenas preguntas. Según María, el uso de IA generativa, como los chats conversacionales, nos obliga a formular preguntas claras y precisas. Este hábito fortalece no solo el pensamiento crítico, sino también la curiosidad y la capacidad de análisis.
Este entrenamiento, además, tiene un efecto positivo en la vida cotidiana: mejora nuestras conversaciones, nos hace más reflexivos y mejora nuestra comunicación con los demás.
- Uso seguro, ético e inclusivo de la tecnología
No todo vale con la IA. María recuerda la importancia de usar tecnologías que respeten la privacidad, cumplan con la legislación (como el RGPD) y sean justas, transparentes e inclusivas. Un buen criterio: si no te comerías algo en un sitio que no cumple las normas de higiene, ¿por qué ibas a usar una IA que no respeta tus datos?
También introduce el concepto de una “IA gobernada”: no se trata solo de tener acceso a la tecnología, sino de poner normas claras sobre su uso, con sentido común y coherencia.
- Familias y colegios: en la misma dirección
Así como no se puede conducir por la derecha por la mañana y por la izquierda por la tarde, tampoco podemos enviar mensajes contradictorios entre casa y colegio. María subraya la importancia de una alianza educativa real: coherencia, comunicación y colaboración entre familias, docentes y alumnos.
- Potenciar el pensamiento crítico desde edades tempranas
La sobreinformación y la desinformación nos obligan a enseñar a niños y adolescentes a dudar, contrastar y reflexionar. No hace falta que usen IA desde pequeños para empezar a desarrollar pensamiento crítico: basta con promover el diálogo, la escucha y el razonamiento en casa y en clase.
- Aprendizaje personalizado: más accesible que nunca
Uno de los mayores potenciales de la IA está en la personalización del aprendizaje. Desde adaptar un texto a las capacidades de un alumno, hasta crear materiales ajustados a sus intereses (como usar dinosaurios para aprender tiempos verbales), las posibilidades son inmensas.
María comparte ejemplos cotidianos: adaptar textos, simplificar contenidos, corregir pronunciación o generar cuestionarios automáticos. Todo esto permite no solo mejorar el aprendizaje, sino ahorrar tiempo y reforzar la relación con las familias.
Por último, María remarca que la IA puede ser una herramienta maravillosa para tareas repetitivas, pero el valor humano sigue siendo irremplazable: “Copilot se llama copiloto porque el piloto eres tú”. La reflexión, la mirada al alumno, la conversación con las familias… eso sigue siendo responsabilidad del educador.
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