¿PARA QUÉ necesita un móvil con internet un niño de 12 años? Si es para tenerle controlado, mejor le damos un “zapatófono” o un reloj con llamadas (sin jueguecitos, claro).

¿Quién necesita realmente que tenga un móvil con acceso a internet?

– Crees que le vas a controlar y proteger más teniendo móvil, pero justo esa es la forma en que otras personas van a tener controlado a tu hijo.

– Mostrar a los chavales todo lo que se están perdiendo por estar delante de una pantalla. Aunque no vean contenidos inapropiados durante el tiempo que están con el móvil, hay que destacar todo lo que dejan de hacer durante ese tiempo (relacionarse de forma sana, leer, crear, contacto con la naturaleza, etc.) y es que hasta hemos perdido los modales y la buena educación porque no se mira a la gente a la cara y se usan los dispositivos en la mesa.

– El móvil con acceso a internet no es un juguete. A tener en cuenta que es un regalo estrella en las comuniones, que se hacen a los 9-10 años y en las fiestas navideñas. Lo atractivo de los móviles a estas edades son las redes sociales, que son ilegales para menores de cierta edad (13 años para Whatsapp y 13 años para Instagram o Tiktok). Crear un perfil falso a tu hijo para acceder a redes es como dar carné de identidad falso para acceder a discotecas y te expone, como tutor del niño, a responsabilidades penales si hace un mal uso.

– La prerrogativa de decidir la entrega del móvil es de la familia. La decisión es exclusiva de las familias. Pero las decisiones deben ser informadas, y actualmente muchas familias no disponen de toda la información ni la formación necesarias para tomar esa decisión, por eso trabajamos también para que se forme a familias, niños y adolescentes.

– Diferentes estudios y publicaciones exponen los aspectos negativos que el uso de estos dispositivos conlleva en menores de 16 años, afectando a su sociabilidad, aprendizaje, concentración, sueño y autoestima, además de favorecer el acceso a contenido inapropiado para su edad, el ciberacoso y dar lugar a conductas adictivas. En 2023 miles de niños de distintas localidades fueron incluidos, sin previo aviso ni consentimiento, en grupos de WhatsApp donde se compartían imágenes inadecuadas e incluso delictivas de contenido sexual y extrema violencia.

o Aspectos negativos graves por un mal uso (puede que no le toquen a tu hijo con un muy buen control del dispositivo por parte de la familia): ciberacoso, grooming, adicción a juegos de azar, problemas de salud mental, entre otros.

o Aspectos negativos menos graves, pero frecuentes: Consecuencias cognitivas: afecta a la memoria, distracción, funciones ejecutivas… Reducción de la comprensión lectora.

Según Unicef, 1 de cada 3 niños tienen uso problemático con el móvil por abuso, un uso medio de 5 horas diarias sustituye a actividades beneficiosas para su desarrollo, insomnio, falta de concentración, desconexión de la familia, entre otros. Según el Ayuntamiento de Barcelona, el tiempo total de pantallas es de 8h de lunes a viernes en adolescentes, más de la mitad en smartphone. Y de 11 a 14h los fines de semana.

 El 90% del tiempo de smartphone lo pasan en redes sociales.

– El uso de las RRSS es un problema de salud pública. Cuando hay predisposición genética a enfermar, no es necesario un mal uso para que se pueda manifestar el trastorno.

– Estamos buscando un pacto de familias para retrasar la entrega porque no se puede dar una solución INDIVIDUAL a un problema de SALUD PÚBLICA, necesitamos una solución COLECTIVA. La decisión individual de cada familia no consigue proteger a ese niño, no resuelve el problema. Las familias que decidimos no dar smartphone a nuestros hijos para que no consuman contenidos inapropiados, nos exponemos a que accedan a través del teléfono de otro niño/a, incluso en los recreos de los colegios. Por tanto es un asunto de familias, pero también de centros educativos y de autoridades.

– Pero, ¿es realmente para niños un móvil con acceso a internet? Fijáos lo que estamos diciendo…: estamos dando un objeto a niños que para que sea seguro tenemos que formar al niño, instalar controles parentales, hacer un contrato de uso, revisar todo lo que hacen incluso violando su intimidad y limitarlos en el tiempo. ¿No será que no es un producto para niños? Estamos asumiendo como “normal” y saludable algo que no lo es a ciertas edades.

– Somos familias que nos hemos unido porque nos hemos dado cuenta de que cuanto más tarde se entregue el móvil con acceso a internet, mejor. Algunos lo hemos entregado ya y queremos dar marcha atrás y otros no queremos entregarlo antes de tiempo. No todas las familias tienen que estar 100% de acuerdo con nosotros, con que unas cuantas familias se unan es suficiente para que nuestros hijos no se sientan como marcianos cuando sean de los pocos que no tienen el móvil en su entorno.

– Desde el punto de vista neuropsicológico, el cerebro de nuestros/as hijos/as se encuentra en un momento crítico del desarrollo, de especial vulnerabilidad y plasticidad. La literatura científica pone en evidencia las implicaciones del uso inapropiado o excesivo de la tecnología sobre el desarrollo y el aprendizaje. No podemos delegar en ellos la responsabilidad de que se controlen.

– No podemos seguir dando la espalda a las evidencias y recomendaciones de los expertos, existe mucha documentación (se puede citar informe de Unicef, de la Fundación ANAR, de Save the children, de la AEPD o de la AEP), sólo buscamos que las instituciones se comprometan en tenerla en cuenta, difundirla a través de sus diferentes canales y hacer llegar hasta a la última familia para que llegado el caso puedan tomar una decisión CONSCIENTE E INFORMADA.

– Abogamos por que se aplique el principio de precaución y que la sociedad se pare a pensar si una excesiva digitalización está siendo positiva para nuestros hijos. Son una generación cobaya. Las empresas tecnológicas sólo establecen unos límites de edad para el acceso a sus contenidos y aplicaciones, aunque sabemos que muchas de las aplicaciones que utilizan nuestros hijos están diseñadas para que permanezcan ahí el mayor tiempo posible. Las legislaciones, tanto nacionales como supranacionales, comienzan a dar los primeros pasos para proteger a los menores, pero para nuestros hijos/as ya será tarde. Por tanto, en el contexto actual, la responsabilidad sobre el control de las horas de uso y el acceso a contenidos y aplicaciones altamente adictivas recae total y exclusivamente sobre las familias, algunas de las cuáles no tienen herramientas para afrontar una educación en el uso responsable y un control parental eficaz

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