Una vez definido en el artículo del mes pasado nuestro objetivo SMART pasamos a ver los pasos que debemos de seguir para alcanzarlo.
Centrarnos en el proceso, en cómo vamos a conseguir nuestro objetivo, implica diseñar un plan de acción basado en pequeños hábitos.
Los hábitos son gestos y acciones muy específicas que se pueden realizar todos los días y que sirven para garantizar un progreso constante. Abarcan toda esa clase de comportamientos y elecciones que necesitamos tomar para alcanzar un objetivo.
Si elegimos pequeñas acciones y las repetimos regularmente, estas acabarán surgiendo de manera automática con el paso del tiempo, lo que se traduce en un comportamiento que surge de manera natural sin ningún esfuerzo.
Conquistar el hábito es haber conquistado mucho, por eso necesitamos saber cómo empezar un hábito desde cero.
Existen muchos libros y técnicas relacionadas con los hábitos y el desarrollo personal, pero en Interaxion te recomendamos encarecidamente la lectura del best-seller Hábitos Atómicos, de James Clear. Libro recomendado en la Digital Magazine de Interaxion del mes de septiembre.
Según la tesis de este autor, si realizamos pequeños cambios en nuestra vida, – un ajuste minúsculo acumulativo-, podemos crear hábitos atómicos como base para alcanzar resultados extraordinarios. Estos actos son tan pequeños como un átomo pero tan poderosos como un tsunami.
Para ello, Clear señala en sus páginas que cualquier hábito puede decidirse en un circuito de retroalimentación que incluye 4 pasos: señal, anhelo, respuesta y recompensa. Por ello, en base a estos cuatro pasos que subyace en todo comportamiento humano, propone ‘4 Leyes del Cambio’ de comportamiento para construir buenos hábitos desde cero. La clave, según su autor, es entender cómo funcionan estas leyes y alterarlas para que cumplan sus especificaciones.
A continuación, resumimos en 4 ideas las leyes que vienen explicadas dentro su libro.
Primera Ley: hacerlo obvio
Esta ley está conectada con la señal, que es el primer paso del ciclo del hábito. Una señal es cualquier cosa que capte nuestra atención y que indique qué hacer a continuación. Por ello es importante hacer las señales obvias (disparador). Las señales más comunes son el tiempo y el lugar, por eso es importante tomar conciencia de nuestras conductas actuales llevando un registro de hábitos. En esta ley se aplicaría la acumulación de hábitos: integrar un nuevo hábito con otro que ya prácticas. Después de (HÁBITO ACTUAL), yo (NUEVO HÁBITO).
Ej. Al llegar a casa a las 19.00 hrs. (hábito actual), sacaré el móvil y lo dejaré en la entrada (hábito nuevo).
Segunda Ley: hacerlo atractivo
Esta ley está relacionada con el deseo, que es el segundo paso del ciclo del hábito.
Ante el placer, el sistema de recompensa del cerebro libera dopamina y tiende a repetir las experiencias gratificantes. Esta liberación ocurre también ante la expectativa por eso es más fácil formar un hábito si una oportunidad es atractiva. Luego los hábitos inician un ciclo de realimentación impulsado por la dopamina. Para aumentar el atractivo podemos combinar una actividad que deseamos con una actividad que necesitamos o nos gusta. Después de (HÁBITO QUE NECESITO ALCANZAR) haré (HÁBITO QUE ME GUSTA).
Ej. Después de cenar sin mirar el móvil, veré un capítulo de mi serie favorita.
Tercera Ley. Hacerlo sencillo
Un hábito es un comportamiento repetitivo que se hace con tanta frecuencia que se vuelve automático y cuanto más frecuentemente se repite más automático se vuelve. Esto fortalece las conexiones neuronales y a ese refuerzo duradero de la sinapsis debido a patrones de actividad se lo llama potenciación. El comportamiento humano sigue la ley del menor esfuerzo, por ello ‘La regla de los dos minutos’, de James Clear, resulta bastante efectiva: encuentra una versión de dos minutos de casi cualquier hábito.
Ej. En vez de proponerte leer sin mirar el móvil, proponte poner el modo avión (un hábito que te llevará menos de dos minutos), cada vez que te pones a leer tu libro.
Se puede llevar a cabo la inversión del tercer hábito para el cambio de conducta “haciéndolo difícil”.
Ej. Cambia las contraseñas con frecuencia para que te resulte más costoso mirar el móvil.
Cuarta ley: hacerlo satisfactorio
El cambio funciona cuando un comportamiento es recompensado de inmediato o evitando el castigo. El cerebro anhela el éxito rápido incluso en pequeñas dosis y evolucionó para valorar y priorizar el presente más que el futuro. Uno de los sentimientos más satisfactorios es el sentimiento de estar progresando.
Registrar los hábitos y otras formas visuales de medir pueden hacer que los hábitos sean satisfactorios y premiarte por ello.
Ej. Esta semana he mirado 8 horas menos el móvil, por lo que me compro ese libro que quiero.
Estas leyes podemos empezar a ponerlas en práctica nosotros mismos y pueden resultarnos muy útiles para alcanzar objetivos personales en cualquier ámbito en los que queramos hacer un cambio.
Como padres, tenemos que ser conscientes que el cambio en el consumo digital de los hogares tiene que empezar por nosotros mismos.
Porque nosotros somos los verdaderos influencers de nuestros hijos.
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