La exposición a pantallas en niños de esta edad (incluido el ruido de fondo) se ha relacionado con retraso del lenguaje, dificultades de comunicación y habilidades sociales, menor capacidad intelectual y dificultades de atención sostenida en la niñez.
Una práctica habitual es el uso rutinario de dispositivos para distraer o calmar, lo que puede generar una dependencia excesiva de las pantallas para la regulación de las emociones.
En los lactantes expuestos a pantallas a los 12 meses se aprecia un patrón electroencefalográfico característico (a partir de 1 hasta más de 4 horas al día, de forma gradual), asociándose en cierta medida con una disfunción del funcionamiento ejecutivo en la edad escolar. Estas funciones ejecutivas serán primordiales para la autorregulación, el aprendizaje, el rendimiento académico y la salud mental.
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