Conversación con Charo Sádaba, experta e investigadora del impacto que las pantallas tienen sobre nuestro hijos y alumnos.
Muchos padres y madres se preguntan constantemente, ¿por qué niños y adolescentes tienen como un imán ante las pantallas?

Sin duda hay algo que hace que la relación entre niños, adolescentes y pantallas, sea particularmente afín. Esto tiene que ver con las necesidades a las que responden las pantallas, que coinciden perfectamente con necesidades que se viven de una manera muy radical en esa época de la vida.

Es decir, hay tres necesidades específicas que son: la necesidad de socialización, la necesidad de evadirse (ocio) y la necesidad identitaria (de saber quién soy). Son necesidades que todos hemos sentido en algún momento de nuestra vida e incluso, en algún momento del día, pero en la época pre-adolescente y adolescente se viven de una manera muy intensa.

Es razonable pensar que para ellos las pantallas sean un elemento imprescindible en su día a día, porque satisfacen estas necesidades de una manera accesible y gratuita.

 

¿Aprender es más fácil/motivador a través de las pantallas?

Es la pregunta que todo el mundo se hace. Cuando vemos en los jóvenes y niños esa afinidad con la pantalla, podríamos pensar que ese mismo entusiasmo se puede aplicar para el aprendizaje con pantallas. Pero ese paso no es directo; es más, ellos entienden que cuando les pedimos que estudien a través de una pantalla, no están haciendo algo que a priori les gusta hacer.

¿Es más fácil aprender con pantallas? Puede tener un punto atractivo, pero junto a esto hay un enorme reto: ese gusto con el que utilizan la pantalla para su ocio, no es trasladable para aprender un tema de historia. Son distintas emociones. Por eso es importante aprender a aprender con las pantallas.

 

¿Qué crees que es lo más importante en el aprendizaje y el estudio con pantallas?

El éxito del uso de las pantallas en educación, tendría que venir de la mano de una actualización de las metodologías. Por ejemplo, hay muchas metodologías educativas relacionadas con la gamificación, es decir, hacer del aprendizaje un juego, siendo conscientes de lo que atrae al niño o adolescente no es la pantalla, sino el modo de aprender a través del juego.

Otro aspecto a tener en cuenta es la necesidad de que haya un esfuerzo personal. Cuando buscamos en la RAE el significado de la palabra estudio, se define como “aquello que se adquiere con esfuerzo”. Por este motivo es importante ayudar a los alumnos a desarrollar hábitos intelectuales y de concentración que aseguren que ese esfuerzo se produce.

 

En la Unión Europea se habla mucho de la competencia digital. ¿Nos podrías hablar un poco más de esto y qué pueden hacer las familias?

En España también se habla mucho de competencia digital en los ámbitos educativos. La competencia digital docente reconoce que la sociedad está cambiando, que los alumnos necesitan nuevas maneras de adquirir conocimientos y también nuevos conocimientos, capacidades y habilidades para poder tener éxito como ciudadanos, futuros trabajadores, etc. La competencia digital no excluye a las demás, viene a sumarse a otras competencias.

Es recomendable que los profesores puedan diagnosticar su propia competencia digital docente: hay muchas herramientas de autoevaluación, como las del Ministerio de Educación a través de INTEF. Y así valorar hasta qué punto dominan esta competencia y son capaces de enseñarla a sus alumnos.

En relación a las familias, lo primero que pueden hacer es conocer qué es la competencia digital y en qué consiste. En el caso de que haya padres que ya estén familiarizados con ella, sería interesante que profundicen y hagan un seguimiento de cómo avanza el nivel de competencia digital en sus hijos.

 

¿Pueden las pantallas ser una escuela de valores?

Sin duda. Las pantallas cada vez más forman parte de nuestra vida cotidiana. Pueden ser integradas en los planes educativos familiares para cimentar hábitos y valores en los niños.

Las pantallas pueden ser aliadas muy buenas para adquirir cuatro valores muy relevantes, que tienen que ver con la formación del carácter. Nos pueden ayudar a enseñar a nuestros hijos a ser prudentes, a ser fuertes al defender sus ideas, a ser justos (como por ejemplo a no querer publicar un contenido por respeto a los demás) y por supuesto se les puede enseñar el valor de la templanza o moderación, para que sepan que no se puede depender de la pantalla para todo.

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