Ambos autores son apasionados de la educación, y en la obra explican cómo la teoría de la inteligencia ejecutiva es fundamental para estimular a los alumnos. Con ello se pretende que su cerebro funcione a pleno rendimiento y comprendan el por qué de sus reacciones, y por otra parte, ayudar al profesor a diseñar un ambiente más creativo en el aula. Abordan la idea, desde diferentes disciplinas como la psicología o la neurología, de que existe una inteligencia ejecutiva que ‘domina’ a todas las demás cuyo objetivo final es dirigir la acción.