En la actualidad, los niños están constantemente expuestos a estímulos externos: pantallas, actividades dirigidas, juguetes interactivos y entretenimiento instantáneo. Sin embargo, cada vez más expertos advierten sobre la importancia de permitir que los niños experimenten el aburrimiento. Según la investigadora y escritora Catherine L’Ecuyer, la capacidad de estar en calma y sin estímulos constantes es esencial para el desarrollo de la creatividad y la atención plena. Por su parte, la psiquiatra Marian Rojas-Estapé señala que el cerebro de los niños, sobrecargado de dopamina por el uso excesivo de pantallas, pierde la capacidad de disfrutar de las pequeñas cosas. Además, psicólogos estadounidenses como Peter Gray han insistido en que el aburrimiento es una oportunidad para el desarrollo de la imaginación y la autonomía.
¿Por qué el aburrimiento es importante?
El aburrimiento es un estado emocional que surge cuando no hay estímulos inmediatos o actividades estructuradas. Aunque en nuestra sociedad actual se percibe como algo negativo, en realidad es una oportunidad para el desarrollo personal. Catherine L’Ecuyer, autora de Educar en el asombro, explica que los niños necesitan tiempo para explorar su entorno, desarrollar su curiosidad natural y aprender a estar presentes sin la necesidad de una gratificación inmediata. Según ella, el aburrimiento es la antesala del asombro, un estado en el que el niño se conecta con su mundo interior y exterior de manera más profunda.
Por su parte, Marian Rojas-Estapé advierte que el abuso de las pantallas ha generado una «hiperestimulación» en los niños, lo que afecta su capacidad de concentración y su bienestar emocional. En su libro Cómo hacer que te pasen cosas buenas, explica que la dopamina, el neurotransmisor asociado al placer y la recompensa, se libera en grandes cantidades con el uso de dispositivos electrónicos. Esto crea una necesidad constante de estímulos, dificultando que los niños encuentren satisfacción en actividades más simples y naturales.
El psicólogo y profesor Peter Gray, autor de Free to Learn, sostiene que el juego libre y el tiempo sin actividades estructuradas son esenciales para el desarrollo de la creatividad y la resiliencia. En sus estudios sobre la educación y la psicología del juego, ha demostrado que los niños que tienen más tiempo para jugar sin intervención adulta desarrollan mejores habilidades de resolución de problemas y mayor autonomía. Gray argumenta que cuando los niños se aburren, encuentran maneras innovadoras de entretenerse, lo que fortalece su capacidad de adaptación y pensamiento crítico.
El riesgo de la sobreestimulación
Uno de los mayores problemas de la sociedad actual es la falta de tiempo libre sin distracciones. Los niños pasan gran parte del día ocupados con actividades escolares, extraescolares y pantallas. Este ritmo acelerado afecta su capacidad para desarrollar habilidades como la paciencia, la introspección y la creatividad.
Marian Rojas-Estapé señala que la sobreestimulación constante puede generar un estado de ansiedad y estrés en los niños. El cerebro infantil no está preparado para recibir tantos estímulos sin pausas, lo que puede derivar en problemas de atención, impulsividad y dificultades emocionales. «Si un niño nunca tiene la oportunidad de aburrirse, su cerebro no aprende a gestionar la frustración ni a disfrutar del presente», advierte la psiquiatra.
Catherine L’Ecuyer coincide en que la sobrecarga de estímulos es perjudicial para el desarrollo infantil. En su investigación, explica que los niños necesitan momentos de calma y contemplación para procesar la información de su entorno. Sin estos espacios, se reduce su capacidad de atención y se incrementa la necesidad de estímulos inmediatos.
Peter Gray, en sus estudios sobre la educación moderna, ha encontrado que los niños de hoy tienen menos oportunidades para el juego libre que las generaciones anteriores. Esto ha llevado a un aumento en los niveles de ansiedad y depresión infantil, ya que los niños no desarrollan la capacidad de regular sus emociones de manera natural. «El aburrimiento es el punto de partida para la creatividad. Si eliminamos el aburrimiento, eliminamos la oportunidad de que los niños descubran lo que realmente les interesa», afirma Gray.
¿Cómo ayudar a los niños a tolerar el aburrimiento?
Es fundamental que los padres y educadores comprendan que el aburrimiento no es algo que deba evitarse, sino algo que debe integrarse en la educación y el desarrollo de los niños. Algunas estrategias clave incluyen:
- Reducir el uso de pantallas: Limitar el tiempo frente a dispositivos electrónicos ayuda a que los niños aprendan a encontrar otras formas de entretenimiento. Es importante establecer tiempos sin pantallas, especialmente antes de dormir.
- Fomentar el juego libre: Los niños necesitan tiempo para jugar sin una estructura establecida. Proporcionar materiales simples como bloques, hojas, colores y juguetes no dirigidos les permite desarrollar su imaginación.
- Permitir momentos de tranquilidad: No es necesario llenar cada momento del día con actividades organizadas. Dejar tiempo para la contemplación y el descanso es esencial para el bienestar mental.
- Evitar la sobreprogramación: Tener demasiadas actividades extraescolares puede generar agotamiento y estrés en los niños. Es recomendable equilibrar las actividades estructuradas con tiempo libre.
- Fomentar la lectura y la creatividad: Los libros, el dibujo y la música son excelentes maneras de que los niños aprendan a disfrutar de su propio mundo interior sin depender de estímulos externos constantes.
Conclusión
El aburrimiento no es un enemigo del desarrollo infantil, sino una herramienta fundamental para el crecimiento emocional, la creatividad y la autonomía. Como han señalado expertos como Catherine L’Ecuyer, Marian Rojas-Estapé y Peter Gray, permitir que los niños experimenten el aburrimiento es clave para que aprendan a gestionar sus emociones, desarrollar su curiosidad y fortalecer su resiliencia. En un mundo lleno de distracciones, aprender a estar en calma y disfrutar del momento presente es un regalo invaluable para las futuras generaciones.
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